Pequeñas competencias docentes I

Saber escuchar.

Creo que recuerdo a todos los profesores que me han dado clase, a algunos con más cariño que a otros, para que lo vamos a negar.

Analizando la verdadera causa de ese cariño descubro que no es otra que la capacidad de escuchar. No digo que sólo se dedicasen a escuchar, pero sí que te hacían sentir que podías confiar en que en cualquier momento que lo necesitases abrían sus oídos a lo que quisieras expresar. Ahora que la economía y sus aspectos se han adueñado de nuestras vidas, se me aparece como maravillosa metáfora “la confianza de los mercados” y “el acceso al crédito” que atesoraban aquellos docentes. Hacían que tu corazón y tu mente se abriesen a ellos con la seguridad de que te facilitarían de sus fondos pedagógicos el capital suficiente para seguir o reorientar tu camino y todo ello a un interés desinteresado y con la única condición de hacer buen uso de dichos fondos. Eso sí que eran fondos estructurales porque cimentaban tu personalidad, tu fortaleza de ánimo y la esperanza de que eras capaz de ser dueño de tu destino.

La capacidad de escucha se manifiesta de múltiples formas y es más una actitud ante los alumnos que un concepto; parte del corazón y no tanto del entendimiento, se plasma en la comprensión de las miradas y en la siembra de la empatía.

Cuando un profesor es capaz de dar respuesta, casi telepática, a la pregunta que tu mente estaba fraguando y todavía no habías hecho,descubrías que frente a ti había alguien que te tenía en cuenta, alguien para el que significabas mucho.

Es primavera.

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