Pequeñas competencias docentes IV

Educar para el éxito.

Hace unos días escuché una entrevista a Santi Balmes, componente de “Love of lesbians”, y esculpió una frase antológica: “No nos educan para el éxito”. Fue como un relámpago que iluminó mi cerebro. ¿Cómo que no te educan para el éxito?, todas las intervenciones de los representantes educativos defienden que ése es el camino por el que apuestan: “preparar a los jóvenes para alcanzar el éxito personal en sus vidas”. He escuchado, y escucho, que la escuela es una preparación para la vida en la jungla que les espera fuera de ella. Desde esa premisa se insta a los alumnos al esfuerzo, al sacrificio y al desarrollo de estrategias que harán de ellos especímenes fuertes capaces de vencer a los múltiples enemigos que tratarán de hacerles caer. Pero, realmente, ¿qué es el éxito?, convendría redefinir ese concepto porque no tenemos una idea común e inequívoca.

La sociedad nos ofrece distintos tipos de personas de éxito: deportistas, actores, actrices y sobre todo los más populares, por un lado cantantes “operación triunfo”, grandes hermanos y estrella de la prensa rosa, y por otro políticos, grandes empresarios, banqueros y gente de buen vivir; unos carecen de trascendencia y otros de moral, con lo que tenemos prototipos o ideales de triunfadores inservibles. Así pues, ¿para qué tipo de éxito hay que educar?, ¿para alcanzar un status elevado similar al de los arquetipos que nos proponen, cueste lo que cueste y sin reparar en los medios utilizados para conseguirlo?, ¿para escalar sin misericordia ni piedad a lo más alto de la pirámide a cualquier precio?

En una de mis últimas tutorías comentaba a una madre lo contento que estaba con su hijo porque, aparte de ser responsable y buen estudiante, era noble y generoso pues ponía a disposición de sus compañeros (EDMODO) los esquemas y resúmenes que se preparaba para las asignaturas. La madre le disculpaba con el consabido: “Si es que de tan bueno que es, parece tonto”, a lo que añadió: “Bueno, ya le enseñará la vida…”. Le enseñará ¿a qué…..?, ¿a ser egoísta?, ¿a pensar que debe guardarse la cosas para que nadie pueda adelantarle en la carrera hacia el éxito?

Lo único que se me ocurrió contestarle fue si no sería conveniente educar a su hijo y a los de los demás para que fuesen capaces de cambiar “esa vida” y no para aceptar que esta les cambie a ellos. El verdadero éxito personal será completo cuando aporte algo beneficioso a los demás. ¿Por qué a veces nos cuesta tanto aprender de los alumnos que el éxito se haya en afrontar la vida con actitudes más sanas que las que nos propone el sistema?

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