Pequeñas Competencias Docentes VI

Cultivar la paciencia.

Muchas veces he escuchado que la paciencia debe ser una virtud del educador, y estoy de acuerdo. Debemos incluirla dentro de nuestro saco de competencias docentes. La paciencia hace más soportable nuestra tarea cuando surgen los problemas que nos llevan al desánimo, a la impotencia o al oscurecimiento del horizonte.

Cuando el otro día un alumno propuso “abandonar” el libro para trabajar conceptos más interesantes y dejar los que llevaban estudiando desde hacía tres años, mi corazón dio un vuelco y se alegró de que surgiera de ellos una propuesta innovadora: querían aprender.
Nos enfrascamos en subtitular vídeos para practicar la narración y el estilo directo. El resultado fue estremecedoramente maravilloso. Todo lo sembrado el año anterior germinaba como productos creativos.

No creo que la paciencia venga por inspiración divina ni por algún gen que desarrollemos los docentes. La paciencia no existe por sí misma, es algo que nace de la confianza, una semilla que debemos cultivar para que crezca, porque lo maravilloso es que no se gasta ni desaparece, sólo se deteriora cuando la planta de la que nace, la confianza, se seca. Perder la paciencia es perder la confianza, la confianza en nuestra labor y en los que reciben lo que hacemos. Confiar en nuestros alumnos y en sus capacidades para mejorarla realidad que nos rodea, nos otorga la esperanza necesaria para que no se marchite la ilusión de cambiar el mundo. Así pues, el origen de todo es la esperanza. La llama de ésta alumbra la confianza y así hacemos crecer la paciencia que se alegra con la posibilidad de ver llegar aquello en lo que creemos. Parece que esta reflexión nos llama a ser pacientes, pero jugando con las palabras y los conceptos lingüísticos (sujeto paciente = sujeto pasivo = recibe la acción), lo que sugiero es un cambio de paradigma, debemos ser agentes (sujeto agente = realiza la acción) porque la paciencia sin confianza y sin esperanza no nos conduce a nada. Éstas son los motores que deben empujar nuestros pasos.

Creo que me ha salido una reflexión “pelín” filosófica, pero quería decir que cuando leo cosas en facebook o muchos de los tuit en los que se atisba la esperanza, me contagio y siento que la confianza y la paciencia florecen.

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