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¿Hacemos lo que podemos?

Me surgía esa pregunta cuando recibí la noticia de que un alumno de mi centro escolar, a punto de cumplir los 16 años, dejaría el colegio el mismo día de su cumpleaños.

Fue mi alumno en 4º y 5º de primaria y, sabiendo las dificultades que tenía, hicimos un gran trabajo para mitigarlas y potenciar sus otras inteligencias.

Con el tiempo, su adolescencia, sus profesores y sus circunstancias, ha decidido ponerse a trabajar con su padre.

No puedo negar que la noticia fue como un punzón en el corazón. La decisión final es suya y de su familia, pero creo que desde la escuela podríamos, tendríamos, que hacer más. Haber potenciado aún más su creatividad, haber valorado más sus capacidades artísticas, tecnológicas y empáticas.

Pero seguramente alumnos muy inteligentes emocionalmente (inteligencia inter e intrapersonal), kinestésicamente y hábiles con respecto a otras inteligencias, no tienen cabida en nuestro sistema educativo pese a esos profesores que se vuelcan en la educación de sus alumnos con más dificultades, sobretodo, si éstas están relacionadas a la inteligencia lingüística y a la lógico-matemática y a la capacidad de memorizar textos interminables, relaciones obsoletas, etc.

Es triste pensar que el sistema educativo actual, año 2014, 13 años después de la Odisea en el Espacio, siga primando única y casi exclusivamente la “memoria bulímica”. Estamos abocados al fracaso y estamos impidiendo que, por lo menos, la mitad de los alumnosillas de nuestros centros escolares no vean su periplo escolar como algo necesario, motivante y en ocasiones, divertido.

Para terminar quiero citar a Francisco Mora: “Se aprende lo que se ama”. Excluimos las emociones, sus intereses y sus opiniones, y cometemos un grave error.

 

PD: Por suerte, existen islas (colegios, docentes) que luchan, trabajan y se desviven por una educación global de sus alumnos. 

¡Bravo por todos ellos!

¿Cuál es el objetivo de la educación?

¿Cuál es el objetivo de la Educación?

No hace mucho leía a Fernando Savater y venía a decir que en España hace falta un plan de educación a 30 años… y que, por desgracia, los políticos españoles pensaban en la educación en un plazo de tres meses.

Estos últimos días están siendo convulsos por el cambio político y los cambios que, como era de esperar, están haciendo en la educación. No voy a entrar en los cambios del temario de oposición,  ni en la abolición de la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”.

Mi reflexión va un poco, o un mucho, más allá.  Son muchas las personas, la mayoría docentes, que afirman que hace falta un gran cambio en la docencia, en la enseñanza, en la escuela española. Son varios los años que llevo escuchando esto, muchos congresos, jornadas en los que se dice que necesitamos un cambio, pero… ¿Hacemos algo para ese cambio? Estoy convencido que muchos de esos profesores hacen muchas cosas en sus aulas para, por lo menos, cambiar el pedacito que les corresponde, al igual que creo, que se pelean con compañeros y con padres para defender esos cambios que están llevando a cabo.

Hacen falta tantos cambios, el principal y más importante, un cambio de mentalidad educativa, en el cual podamos desterrar un sistema educativo anclado en la revolución industrial y frases del tipo, si a mí me fue bien funcionará.  Tenemos que asumir que la época en la que vivimos, las familias, los padres, los hijos, el contexto, no es el mismo que hace 30 ó 40 años. Por lo tanto tenemos que empezar a reconstruir la educación desde arriba. Tiene que haber un pacto de estado en el cual, además de políticos de turno, haya mayoría de profesionales de la educación, profesionales que llevan muchos años y puedan aportar experiencias y profesionales más jóvenes y con otra visión de la misma. Y en ese pacto empezar a dar más importancia a los alumnos, a sus posibilidades, a sus diferentes posibilidades,  a la creatividad que defiende Ken Robinson, el aprendizaje significativo de Antoni Ballester, las inteligencias múltiples de Howard Gardner, etc.

Otro cambio necesario es el de oposición al profesorado, hay que modificarlo y adaptarlo, y en consonancia a la mentalidad educativa de la que hablaba anteriormente. En el que, quizá, debamos hacer más caso al cómo se da la clase que al qué sé de cómo dar clase.

Para terminar, quiero hacer una última reflexión. Hoy leía en una publicación de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), en la que daba 5 propuestas para nuestro sistema educativo. De ellas, hay cuatro bastante interesantes y que me gustan, como dar más autonomía a los centros y menos burocracia,  más hincapié en la estimulación en la época 0-6, no tener miedo a la innovación y una alta recomendación por la lectura. Pero ha habido una que me ha hecho pensar, y creo que se carga todas las demás. Dice así “Necesitamos profesores más cualificados, que haya sido escogidos previamente entre los mejores alumnos.  Sería el caso de Finlandia, por ejemplo, o de Corea del Sur”. Ahora yo me pregunto, ¿cuál es el objetivo de la educación? ¿Qué es la excelencia? ¿Cómo sabemos que son los mejores alumnos, por sus notas? Conozco muchos alumnos excelentes siendo sus notas cercanas al cinco ¿Quién falla? ¿el alumno? ¿el sistema? ¿el método? ¿el docente? Hagan apuestas…

Abraham Del Caño

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