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Crear comunidad educativa

La idea de crear una comunidad educativa es el sueño dorado (o debería serlo) de los educadores. En un tiempo en el en que los mensajes hacia los alumnos son tantos y a veces tan dispares se me antoja como una necesidad imperiosa: centro, alumnos, profesores, padres y ojalá la sociedad trabajando juntos parece una utopía tan lejana que nos da miedo ponernos a trabajar en ella.

Recuerdo que cuando surgió la polémica por la asignatura de educación para la ciudadanía uno de los criterios más apoyados por la derecha política al que se adherían muchos padres era “que los profesores enseñen lengua, matemáticas, etc; que de la educación (en valores) de los hijos ya nos encargamos los padres”.

Algunos alumnos argumentaban, en los debates en clase, plasmando ideas preconcebidas que traían de casa. Algunas de ellas rozaban el sinsentido, la inconstitucionalidad y a veces el fascismo. No eran argumentos, eran proclamas tan rancias que parecía que estábamos en otro siglo. Sin acuerdo entre profesores y familia corremos el riesgo de mandar mensajes contradictorios que confundan a los chicos. Otra de las críticas era la afirmación de que con dicha asignatura se pretendía “adoctrinar” dejando clara la desconfianza de los padres hacia los profesores. No podemos permitir que los dos grandes pilares de la educación desconfiemos los unos de los otros.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos y los profesores también.

Como profesor tengo claro que debo defender unos principios éticos que no son contradictorios con los que tengo como padre. Nadie puede negar que el respeto, la tolerancia, la integridad, la honestidad y la honradez deben ser ejes vertebradores de la educación. Llegar a acuerdos sobre esto y establecerlos como base de lo que va a ser nuestra labor como educadores tanto en la escuela como en casa debe ser el punto de partida para el entendimiento y el caminar juntos. Lo que me preocupa es la actitud que últimamente observo en muchos padres. No quiero que se interprete como una critica a los padres, lo que pretendo destacar es una falta de sintonía que nos lleva muchas veces a transitar por senderos distintos y eso no es bueno. Noto que lo que les importa a la mayoría de ellos no es lo mismo que me preocupa a mí. Echo en falta una “escuela para padres” en la que fijar los criterios para la tarea que vamos a acometer y la revisión periódica de estos potenciando un aprendizaje cooperativo y colaborativo entre todos los miembros de esa utópica comunidad educativa.

En la reunión con los padres de mi tutoría, al principio de curso, pregunté: “¿A qué creéis que vienen vuestros hijos al colegio?” La respuesta fue unánime: “a aprender”. Cuando les pregunté “¿a aprender qué?” no hubo unanimidad…”matemáticas”, “lengua”, “inglés”… “a aprender a ser” respondí. ¿Qué era eso de aprender a ser?; muy sencillo a aprender a ser personas, a pasar de ser un proyecto en hilvanes a un proyecto completo. Parecía que todo iba bien, les hablé de la diferencia entre 1 × 1 = 1 y 1 + 1 = 2; la cosa funcionaba hasta que alguien preguntó “¿Cuántos exámenes hace por evaluación?” y “¿la nota media de primero de ESO cuenta?”. Todo lo dicho hasta ese momento cayó como un castillo de naipes y me di de bruces con la realidad pertinaz y sempiterna: los alumnos vienen aprobar una serie de asignaturas que les permitan pasar al curso siguiente para aprobar otras asignaturas que les permitan pasar al curso siguiente para… ¡Cielos, hemos entrado en un bucle!

Un visitante en un mundo de residentes

A veces suceden cosas que hacen crecer en uno la frustración. El inmovilismo en los centros, el conformismo con la arcaica metodología, los muros y paredes que aíslan al colegio del mundo exterior, la tristeza por vercomo un grupo de treinta adolescentes tienen que aguantar, sentados, quietos y en silencio, el pase de siete profesores distintos, con siete discursos distintos a cada cual más aburrido, día tras día. Todo ello sin tomar al asalto las aulas ni emprender una revolución de indignados. ¡Cómo podemos decir que los alumnos son malos! Me viene a la cabeza la siguiente fabulita de Monterroso:

Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos”.

Pero cuando veo las inquietudes de todos vosotros, cuando os escucho en los webinars o leo cosas vuestras en las redes sociales, asiento varias veces con la cabeza y me alegro de que en la Escuela ya no se siga enseñando como antes.

Muchísimas gracias y que el 2012 sea infinitamente mejor que el 2011.

Un abrazo para todos.

Alberto.