Pequeñas competencias docentes II

Sentido del humor

Todos los días a las ocho y media, los alumnos enfilan las escaleras para subir a las aulas, el paso cansino y el sueño en los párpados. Dar los buenos días procurando acompañar el saludo con una sonrisa es una buena costumbre. Soltarles un comentario divertido o gastarles una pequeña broma no quitan el desasosiego por la larga jornada que les aguarda, pero pueden cambiar su disposición para afrontarla.

Propone Gema algo tan simple y maravilloso como el “derecho a una sonrisa diaria” …por lo menos, apostillo. ¿Dónde dejamos el humor cuando atravesamos la puerta del aula? Es cierto que los contenidos y la exigencia del programa son algo muy serio, pero ¿qué lingüista ha decidido que “serio” y “triste” son sinónimos? Si un educador no se ríe con sus alumnos, desperdicia miserablemente una de las herramientas más efectivas para crear un clima idóneo de aprendizaje. A ningún agricultor con algo de sentido se le ocurre sembrar trigo sin hacer a la tierra apta para ello. Prepara el suelo, lo cuida y cuando está listo y llega el momento esparce las semillas que anhela que crezcan.

El sentido del humor no es sólo acondicionar la tierra, también es regar de vez en cuando para que todo se desarrolle de la mejor manera posible. ¿Cómo puede alguien pasarse las horas, los días, meses y años sin esbozar una sonrisa en el aula? Desdeñar esta esta capacidad por el miedo a perder “autoridad” es condenarnos y condenar a nuestros alumnos al aburrimiento, el hastío y la mediocridad.

Aprender a comprometerse

No siempre realmente he tenido en cuenta del todo el tema del compromiso, quizás no le he dado la suficiente importancia, y este concepto que en su día toqué en orientación educativa, lo he tendido a dejar en segundo plano.  Creo que esto mismo os ha podido suceder a alguno de vosotros y vosotras algunas veces. Bueno pues gracias a la oportunidad de tratarlo un poco este año de la mano de un profesor, me ha hecho replantearme desde entonces muchas cosas y ser más consciente de ello.

Primero lo que nos viene a la mente, es lo que significa compromiso, pues bien una respuesta simple sería: la capacidad de responder, algo que debe asumir la persona con responsabilidad. Y os preguntaréis quizás que porque insisto tanto en este tema, y es porque opino que es importante que aprendamos a comprometernos, porque muchas veces pueden ocurrir varias cosas:

- Nos comprometemos demasiado, sin ser conscientes de que nos estamos comprometiendo.

- No nos damos cuenta de los precios que pagamos al romper los compromisos.

- Nos comprometemos sin darnos cuenta de si vamos a ser capaces de cumplir esos compromisos o no.

Por tanto ante esto, ¿qué debemos hacer?

- Pues algo claro es que debemos “renegociar” nuestros compromisos, practicar este tipo de actividad. Los compromisos se pueden negociar siempre que se haga a tiempo. Y ¿cómo se hace esto? Bien, esto puede parecer difícil, pero no lo es tanto, la palabra que aquí también entraría para mí es la organización. Si tú tienes tú agenda, con todo lo que debes hacer y los compromisos, puede suponer un agobio quizás ver los cercanos sobre todo, los lejanos, y claro que los que nos suponen más importancia, pero es necesario tenerlos visibles para no olvidarlos. Bueno en ocasiones puede ocurrir que tenemos que hacer muchas tareas obligatorias, y también está la parte del ocio y de las relaciones familiares y de amistad, por lo que ante eso aunque nos cueste debemos aparcar esa parte un poco, pero esto no significa sacrificarlo, sino aplazarlo. Así que esto queda así, tenemos que programar mejor nuestras tareas y aplazar ciertos compromisos más lejanos para cumplir los cercanos, pero no significa que los olvidemos y demos de lado.

- Si hacemos lo anterior será más fácil no romper nuestros compromisos, si los negociamos a tiempo, porque está claro que el primer precio que pagas al no cumplirlo es contigo mismo, te viene el remordimiento, no sabemos como solucionarlo, porque has podido dañar de alguna manera al otro.

- Y por último un consejo que puede ayudar, es que adquiramos solos los compromisos que creamos que vamos a poder cumplir, pensar en ellos, clarificarlos, reflexionar y por supuesto ser justos con nosotros mismos, y los demás.

Para terminar creo por experiencia, que debemos aprender a comprometernos de forma satisfactoria, por lo que poco a poco tenemos que intentar conseguirlo y aprender a no comprometerse de manera errónea. Solo probarlo, pensar en como lo hacéis, reflexionar sobre ello y si ya sabéis comprometeros os felicito, y sino merece la pena intentarlo, nos lo debemos a nosotros/as y a las personas con quienes lo adquirimos.

Pequeñas competencias docentes I

Saber escuchar.

Creo que recuerdo a todos los profesores que me han dado clase, a algunos con más cariño que a otros, para que lo vamos a negar.

Analizando la verdadera causa de ese cariño descubro que no es otra que la capacidad de escuchar. No digo que sólo se dedicasen a escuchar, pero sí que te hacían sentir que podías confiar en que en cualquier momento que lo necesitases abrían sus oídos a lo que quisieras expresar. Ahora que la economía y sus aspectos se han adueñado de nuestras vidas, se me aparece como maravillosa metáfora “la confianza de los mercados” y “el acceso al crédito” que atesoraban aquellos docentes. Hacían que tu corazón y tu mente se abriesen a ellos con la seguridad de que te facilitarían de sus fondos pedagógicos el capital suficiente para seguir o reorientar tu camino y todo ello a un interés desinteresado y con la única condición de hacer buen uso de dichos fondos. Eso sí que eran fondos estructurales porque cimentaban tu personalidad, tu fortaleza de ánimo y la esperanza de que eras capaz de ser dueño de tu destino.

La capacidad de escucha se manifiesta de múltiples formas y es más una actitud ante los alumnos que un concepto; parte del corazón y no tanto del entendimiento, se plasma en la comprensión de las miradas y en la siembra de la empatía.

Cuando un profesor es capaz de dar respuesta, casi telepática, a la pregunta que tu mente estaba fraguando y todavía no habías hecho,descubrías que frente a ti había alguien que te tenía en cuenta, alguien para el que significabas mucho.

Es primavera.

Un sol de colores

Hace poco me llegó este vídeo vía facebook y la verdad es que no me sorprendieron para nada ni los resultados ni el final ¿y a ti?

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Desde mi punto de vista y experiencia, creo que los chavales (de 0 a 100 años) tenemos gran capacidad creativa pero nos la limitan desde bien pequeños.

Muchas de las situaciones de aprendizaje que les planteamos se centran en el “hacer” estupendo! Pero si les guiamos, malo, porque no les dejamos hacerlo de forma creativa, distinta, diferente… y si no les guiamos malo también porque se sienten perdidos y al final dejan de “hacer” para reproducir lo que les hemos pedido que “hagan”.

Esto realmente es una contradicción. Nacemos espontáneos, frescos, naturales,… preguntamos, hacemos, actuamos…. sin miedos y sin tapujos porque nos sentimos libres y sin presiones con muchas ganas de aprender y disfrutamos con ello. Poco a poco nos van conduciendo a un redil en donde todos somos iguales y hacemos todo de la misma manera. Hemos confundido los límites, las normas y las reglas con patrones de conducta y desempeño inquebrantables para que luego la sociedad nos exija ser creativos e innovadores.

Creo que deshacer algo innato para luego volver a forzarlo rodeado de inseguridades y prejuicios no tiene sentido. ¿Por qué el sol tiene que ser siempre amarillo? ¿No adquiere distintas tonalidades según el momento del día? ¿Qué pensaría J. Miró de esto?

http://fundaciomiro-bcn.org/coleccio_obra.php?obra=645&idioma=6

Personaje delante del sol (J. Miró 1968)

¿Por qué no ayudamos a nuestro alumnado a ser distintos y a quererse por ello con criterios coherentes acordes a nuestra misión dentro de la escuela?

Yo pediría, si me lo permitís, que nos dejáramos de excusas y miedos y seamos responsables con nuestra profesión. :-)

Treinta y dos motivos para la esperanza

El día después del anuncio de los recortes en educación (como me duele tener razón cuando escribí lo de los recortes en la enseñanza), entré en el aula con una gran dosis de desesperanza (y esta vez no era el chiste que siempre hago “Desesperanza Aguirre”). Los treinta y un alumnos de mi clase de lengua estaban distribuidos por grupos para enfrentarse a una actividad colaborativa: resolver el acertijo de Einstein. Dicté el enigma con desgana. Se enfrascaron los chicos en la actividad con sus murmullos, comentarios, discusiones, y yo estaba como ausente, que diría Neruda. Me imaginaba ese espacio en el que laboraban, con diez alumnos más; ¿dónde los iba a meter?, ¿cómo los iba a atender?. No dejaba de pensar que serán demasiados, que no podré distribuirlos por grupos porque no tenemos espacio. En ese momento no echaba de menos los ordenadores en las aulas, las pizarras digitales y otras muchas cosas que habíamos estado solicitando, lo único que anhelaba eran metros cuadrados. La esperanza se me escapaba a borbotones, después de casi treinta años en esto y me veía como al principio. Los alumnos seguían a lo suyo y yo rumiaba mi decaimiento. Recordaba los avances que aunque pequeños me habían ido animando y fue entre ellos donde encontré un motivo esperanzador al que aferrarme: “la ilusión”, en mi memoria aparecieron la energía, las ganas de luchar por el modelo educativo en el que creía, la creatividad para resolver las carencias y problemas que se me presentaban, la ética profesional y todo el empeño por llevar a cabo las ideas que me trajeron a dedicarme a esto. Comencé a recoger las conclusiones de los alumnos y a debatirlas con ellos. Participaban, buscaban soluciones, argumentaban y sobre todo sonreían. Me di cuenta de que habían sido felices desarrollando la deducción lógica, aprendiendo a leer y extraer información para utilizarla en la resolución del enigma; y me enseñaron a descubrir que esas cuatro paredes encerraban un mundo compuesto por treinta y dos mundos diferentes que disfrutaban pensando y aprendiendo juntos. Terminé feliz porque encontré treinta y un motivos tan grandes para la esperanza que todo lo demás me pareció una nadería. Por cierto, resolvimos el acertijo de Eistein.

Crear comunidad educativa

La idea de crear una comunidad educativa es el sueño dorado (o debería serlo) de los educadores. En un tiempo en el en que los mensajes hacia los alumnos son tantos y a veces tan dispares se me antoja como una necesidad imperiosa: centro, alumnos, profesores, padres y ojalá la sociedad trabajando juntos parece una utopía tan lejana que nos da miedo ponernos a trabajar en ella.

Recuerdo que cuando surgió la polémica por la asignatura de educación para la ciudadanía uno de los criterios más apoyados por la derecha política al que se adherían muchos padres era “que los profesores enseñen lengua, matemáticas, etc; que de la educación (en valores) de los hijos ya nos encargamos los padres”.

Algunos alumnos argumentaban, en los debates en clase, plasmando ideas preconcebidas que traían de casa. Algunas de ellas rozaban el sinsentido, la inconstitucionalidad y a veces el fascismo. No eran argumentos, eran proclamas tan rancias que parecía que estábamos en otro siglo. Sin acuerdo entre profesores y familia corremos el riesgo de mandar mensajes contradictorios que confundan a los chicos. Otra de las críticas era la afirmación de que con dicha asignatura se pretendía “adoctrinar” dejando clara la desconfianza de los padres hacia los profesores. No podemos permitir que los dos grandes pilares de la educación desconfiemos los unos de los otros.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos y los profesores también.

Como profesor tengo claro que debo defender unos principios éticos que no son contradictorios con los que tengo como padre. Nadie puede negar que el respeto, la tolerancia, la integridad, la honestidad y la honradez deben ser ejes vertebradores de la educación. Llegar a acuerdos sobre esto y establecerlos como base de lo que va a ser nuestra labor como educadores tanto en la escuela como en casa debe ser el punto de partida para el entendimiento y el caminar juntos. Lo que me preocupa es la actitud que últimamente observo en muchos padres. No quiero que se interprete como una critica a los padres, lo que pretendo destacar es una falta de sintonía que nos lleva muchas veces a transitar por senderos distintos y eso no es bueno. Noto que lo que les importa a la mayoría de ellos no es lo mismo que me preocupa a mí. Echo en falta una “escuela para padres” en la que fijar los criterios para la tarea que vamos a acometer y la revisión periódica de estos potenciando un aprendizaje cooperativo y colaborativo entre todos los miembros de esa utópica comunidad educativa.

En la reunión con los padres de mi tutoría, al principio de curso, pregunté: “¿A qué creéis que vienen vuestros hijos al colegio?” La respuesta fue unánime: “a aprender”. Cuando les pregunté “¿a aprender qué?” no hubo unanimidad…”matemáticas”, “lengua”, “inglés”… “a aprender a ser” respondí. ¿Qué era eso de aprender a ser?; muy sencillo a aprender a ser personas, a pasar de ser un proyecto en hilvanes a un proyecto completo. Parecía que todo iba bien, les hablé de la diferencia entre 1 × 1 = 1 y 1 + 1 = 2; la cosa funcionaba hasta que alguien preguntó “¿Cuántos exámenes hace por evaluación?” y “¿la nota media de primero de ESO cuenta?”. Todo lo dicho hasta ese momento cayó como un castillo de naipes y me di de bruces con la realidad pertinaz y sempiterna: los alumnos vienen aprobar una serie de asignaturas que les permitan pasar al curso siguiente para aprobar otras asignaturas que les permitan pasar al curso siguiente para… ¡Cielos, hemos entrado en un bucle!

Asignatura instrumental

Quizás por haber estudiado en los libros de Lázaro Carreter o por haber tenido algún profesor que me enseñó a jugar con las palabras (gracias Eduardo); indagar en los múltiples significados de éstas me produce una sensación lúdico-placentera y una apertura de mente que a veces me asusta cuando me lleva a caminos sin salida que resultan frustrantes. Mi sinestesia me obliga, sin yo querer, a adentrarme por vericuetos intrincados con las acepciones y las imágenes que se me dibujan.

Hoy, 28 de marzo de 2012, he tenido reunión de claustro(fobia) y se me ha aparecido la palabra “instrumental”, adjetivo calificativo (no sustantivo colectivo). Y se me ha aparecido cuando me han despertado del sopor al hacerme ver que era alguien importante…¿yo? porque daba una asignatura instrumental (Lengua Castellana). Me han pillado sin arreglar y sin smoking justo cuando me estaban otorgando el título de “Profesor de asignatura instrumental”, vamos, que como si fuera “Doctror honoris causa”. Vermos como meto todo eso en la tarjeta de visita, con ese título y mi dirección que también es bastante larga posiblemente necesitaré un tríptico.

Haciendo un repaso mental de los contenidos de la asignatura, he descubierto que el 90% de ellos cumplen la función metalingüística, que no es otra cosa que una endogamia y de las endogamias no suele salir nada interesante. La lengua para hablar de la lengua. ¿Qué función instrumental puede cumplir? Es como utilizar una llave inglesa para abrir o cerrar otra llave inglesa…¿? Creo que una herramienta (instrumento) debe servir para mucho más que para ayudarse a sí misma.

Rara vez utilizamos la asignatura de lengua para ayudar en otras asignaturas como las matemáticas, naturales o geografía e historia, y suele ser tan academicista que tampoco ayuda a apreciar la propia belleza del idioma. Es más importante encontrar una metáfora que disfrutarla imaginando como el poeta pinta con palabras un sentimiento grandioso.
¿No deberíamos potenciar el juego de descubrir el significado de las palabras y la belleza y conocimiento que encierran?

“Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas” Juan Ramón Jiménez

¿Cuál es el objetivo de la educación?

¿Cuál es el objetivo de la Educación?

No hace mucho leía a Fernando Savater y venía a decir que en España hace falta un plan de educación a 30 años… y que, por desgracia, los políticos españoles pensaban en la educación en un plazo de tres meses.

Estos últimos días están siendo convulsos por el cambio político y los cambios que, como era de esperar, están haciendo en la educación. No voy a entrar en los cambios del temario de oposición,  ni en la abolición de la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”.

Mi reflexión va un poco, o un mucho, más allá.  Son muchas las personas, la mayoría docentes, que afirman que hace falta un gran cambio en la docencia, en la enseñanza, en la escuela española. Son varios los años que llevo escuchando esto, muchos congresos, jornadas en los que se dice que necesitamos un cambio, pero… ¿Hacemos algo para ese cambio? Estoy convencido que muchos de esos profesores hacen muchas cosas en sus aulas para, por lo menos, cambiar el pedacito que les corresponde, al igual que creo, que se pelean con compañeros y con padres para defender esos cambios que están llevando a cabo.

Hacen falta tantos cambios, el principal y más importante, un cambio de mentalidad educativa, en el cual podamos desterrar un sistema educativo anclado en la revolución industrial y frases del tipo, si a mí me fue bien funcionará.  Tenemos que asumir que la época en la que vivimos, las familias, los padres, los hijos, el contexto, no es el mismo que hace 30 ó 40 años. Por lo tanto tenemos que empezar a reconstruir la educación desde arriba. Tiene que haber un pacto de estado en el cual, además de políticos de turno, haya mayoría de profesionales de la educación, profesionales que llevan muchos años y puedan aportar experiencias y profesionales más jóvenes y con otra visión de la misma. Y en ese pacto empezar a dar más importancia a los alumnos, a sus posibilidades, a sus diferentes posibilidades,  a la creatividad que defiende Ken Robinson, el aprendizaje significativo de Antoni Ballester, las inteligencias múltiples de Howard Gardner, etc.

Otro cambio necesario es el de oposición al profesorado, hay que modificarlo y adaptarlo, y en consonancia a la mentalidad educativa de la que hablaba anteriormente. En el que, quizá, debamos hacer más caso al cómo se da la clase que al qué sé de cómo dar clase.

Para terminar, quiero hacer una última reflexión. Hoy leía en una publicación de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), en la que daba 5 propuestas para nuestro sistema educativo. De ellas, hay cuatro bastante interesantes y que me gustan, como dar más autonomía a los centros y menos burocracia,  más hincapié en la estimulación en la época 0-6, no tener miedo a la innovación y una alta recomendación por la lectura. Pero ha habido una que me ha hecho pensar, y creo que se carga todas las demás. Dice así “Necesitamos profesores más cualificados, que haya sido escogidos previamente entre los mejores alumnos.  Sería el caso de Finlandia, por ejemplo, o de Corea del Sur”. Ahora yo me pregunto, ¿cuál es el objetivo de la educación? ¿Qué es la excelencia? ¿Cómo sabemos que son los mejores alumnos, por sus notas? Conozco muchos alumnos excelentes siendo sus notas cercanas al cinco ¿Quién falla? ¿el alumno? ¿el sistema? ¿el método? ¿el docente? Hagan apuestas…

Abraham Del Caño

¿Nos dejas tu idea? En nuestro muro “Educar es…” puedes dejarnos un breve comentario sobre lo que es para ti la educación, venga anímate!

La pedagogía del esfuerzo

Es este un tema que está cobrando especial relevancia en el ámbito educativo. La palabra en sí tiene un significado inequívoco, pero donde encontramos la mayor dificultad para entender lo que exige este tipo de pedagogía es, como siempre, de qué manera se interpreta la palabra “esfuerzo”. Resumirla en el tópico de “querer es poder” es un error; y pensar que aplicando mayor esfuerzo obtendremos mejores resultados es en muchos casos una equivocación.

Muchos “adultos” piensan que todos los jóvenes son vagos y ven en esta teoría del esfuerzo la solución a problemas como el fracaso escolar o la mejora de nuestros resultados en las pruebas PISA. no seré yo quien reniegue del esfuerzo, pero lo interpreto con matices.

Debemos dotar a ese esfuerzo de un sentido o finalidad, el esfuerzo “per se” no lleva a ningún sitio.

Hace algún tiempo, Mariano Rajoy sufrió un lapsus al responder a una pregunta de una joven sobre las expectativas de futuro para los estudiantes. Mariano hizo que rebuscaba entre sus papeles y al no encontrar el que buscaba se excusó diciendo que no sabía dónde lo había echado pero que traerlo lo traía. Si le hubiese sucedido como alumno ningún profesor se hubiera tragado el “me he dejado los deberes en casa”. Pero bueno, a lo que vamos, la respuesta del ínclito Mariano fue: “Tú estudia mucho, vive mucho y verás como tienes oportunidades”. Algunos llaman a esto demagogia, en mi pueblo lo llamamos “buñuelo de viento”, algo con una hermosa apariencia que oculta el vacío que hay dentro.

Esa cita marianil, digna del gran “Pero Grullo” me pareció resumir esa doctrina del mérito, la excelencia y el esfuerzo que muchos utilizan sin más, sin ahondar en lo que puede o debe significar.

Me pareció, entonces, buena idea sacar a pasear a uno de mis héroes favoritos para que explicase los engaños y pantomimas de la “pedagogía del esfuerzo” mal entendida. Siempre he admirado a Cervantes por su utilización del lenguaje, pero cuando te propones imitarlo lo admiras mucho más.

De cómo Don quijote explica a Sancho la inutilidad del esfuerzo sin finalidad y de los múltiples engaños que los hombres hacen dello.

Mediaba ya la mañana en la que por ventura don Quijote y Sancho habían abandonado la venta de sus quebrantos, y como quiera que por las muchas leguas recorridas o por los calores que en tan amplia llanura había comenzaba Sancho a resoplar y a sudar como si de la fuente de los ocho caños de Aldeanueva se tratara, preguntó a don Quijote por la largura del camino.

- Mirad, mi señor, que larga me está viniendo la jornada y, si no tomamos descanso, ni mi rucio ni yo sabremos llegar al fin de la mesma, pues entre el poco comer y el mucho caminar, comienzan a venirme ciertos vahídos que requieren de mí grande esfuerzo para continuar.

- Grande es la palabra que utilizáis mi buen Sancho y no pocos en estas tierras han de desconocer lo que la tal dicha palabra representa.

- ¿Refiérese mi señor a vahídos o a esfuerzo? que para mí no son una sin la otra y a más es la segunda, causa de la primera.

- Háblote de la segunda, porque aunque muchos yerran en el sentido de la primera, no osan a utilizarla tan larga y desatinadamente como la segunda. El esfuerzo, Sancho, es materia de profundo estudio y aún más de extraño discernimiento, pues cada uno juzga a éste de diferente manera y concédele desigual valor y estima. Has de saber que en esa primera parte de mis aventuras, atrevíanse a llamarme caballero esforzado por mi empeño y denuedo en acometer las grandes empresas que Fortuna pone en mi camino, y a fe mía que no les falta razón, pues algunas requieren tanto o más que los doce trabajos de Hércules o los de Persiles y Segismunda. Pero observa, Sancho, que no todos los esfuerzos son igualados ni pueden hacer semejantes a los hombres que los desempeñan.

- Pero mi señor ¿no es acaso cierto que si los hombres se esfuerzan recibirán amplias recompensas por ello?

- La fortuna y la vida, mi fiel escudero, no paga con igual moneda los esfuerzos de unos y otros. Recuerda lo que ya te hablé del soldado y del letrado, de cómo aquel, a pesar de sus grandes esfuerzos y quebrantos, no resulta tan bien recompensado como el letrado, que logra mayor respeto haciendo mucho menos.

- ¿Acaso no se halla justicia en el esfuerzo?

- La justicia, amigo Sancho, es íntegra y auxilia siempre a los débiles, pero la ley es tornadiza, esquiva y han muchos que hacen uso della de un modo que a la propia justicia ofende. Toda justicia, como ya te dije, parte del conocimiento de uno mismo, que es difícil conocimiento, pues muchos creen conocerse pero déjanse seducir por las mangas que magros beneficios les otorgan, con lo que su visión del bien y del mal trocan como doncella veleidosa si por la codicia son tentados.

- Entonces, mi señor, ¿debe el hombre esforzarse o no?

- Muchos ven en el esfuerzo el bálsamo de Fierabrás, y cuan si fueran galenos afamados, recetan para cualquier desatino grande reción de él sin afondar en las causas o el porqué, como cuando aplican sangrías para todo, que las más de las veces mayor es el mal que tal remedio causa pretendiendo sanar, y debilita más que fortalece.

- Pensaba yo, señor, que, esforzándose sobremanera, puede el hombre alcanzar todo aquello que se proponga pues todos reconocen el valor de hacer lo que mucho cuesta.

- Errado vais mi buen Sancho, que aquello de querer es poder no es sino una verdad a medias, pues en empresas importantes las más de las veces quien quiere no puede y quien puede no quiere, aunque, como ya te he dicho, muchos han que encuentran en esta prédica la caña y la zanahoria con la que engañan al asno. No ha mucho, amigo Sancho, tuve gran encuentro con un afamado caballero con quien entablé larga conversación, que no combate, por ser el dicho caballero perro viejo, y bien sabes, Sancho, que a perros viejos no hay tus tus. Llamábase don Jesús de Mudarra, perro viejo como comenté y aún intuyo que arábigo. Refiriome la historia de cierto pariente suyo que amostraba cada día duro empeño en dar empellones férreos con el pie a una pared medio vencida que encontraba en su camino. Ardua fue la tarea, y al cabo de mucho tiempo, no logró moverla ni una meaja. He aquí, Sancho, como no por el mucho esfuerzo consíguese la meta y aún menos la fama.

- Perdone vuestra merced, pero la empresa paréceme tan esquiva como la suya con aquellos gigantes que a mí parecíanme molinos de viento y, que a pesar de ser muchos los esfuerzos, no pudo doblegarlos como pretendía.

- Al caso viene para la probatura de lo que estamos hablando; si el mucho esfuerzo no encuentra recompensa, hácenos pensar que todo cuanto acometimos iba errado y echado hemos a perder el tiempo y las energías puesto que nos hallamos en el mesmo punto del que partimos. Dícese que lo que mucho cuesta poco se estima, pero dígote, Sancho, que lo que mucho cuesta, si acaba en nada, se estima peor. Ve pues, mi buen escudero, cuan incierto es el beneficio del esfuerzo y cuan inútil es aqueste cuando el fin que persigue es peregrino.

- Veo, señor, que agora estoy más turbado que denantes y ya no intuyo si debo ser esforzado o no.

- Tente en buenas y no te dejes caer, que en verdad antes de acabar la jornada, acabará el discurso y claro tendrás lo que ahora se te oculta. Entiende que el esfuerzo sólo es aconsejable cuando tenemos claro el horizonte al que dirigir nuestros pasos. Ese camino debe ser cierto y recorrerse a pie enjuto, que fatigoso es el sendero anegado y sin rumbo; y si mucho caminas sin puerto al que llegar, pararás a mitad y verás cuan vacua es la ornada. Avisa que sólo mientras se gana algo no se pierde nada. Ea pues, y no confíes en que,  acabados los esfuerzos, seas más en paz y sosiego; si no, recuerda aquellos galeotes que iban obligados a realizar trabajos esforzados en las gurapas de su majestad. ¿Crees acaso, Sancho, que, una vez terminadas sus condenas, saldrán más calmados y satisfechos por haberse esforzado en los remos durante años, o por contra apoderárase dellos la saña y la desconfianza del mundo? A fe mía que no desaparecerían sus cuitas ni menguaría su  rencor que si fuere grande, a fuerza de años de remo, sería mayor, pues el esfuerzo por la fuerza es barbaridad tamaña y no es esfuerzo sino castigo. Sean así el por qué y el para qué las primeras cosas que han de conocerse como si del horizonte se tratara y la energía para emprender el esfuerzo, que es el camino. No sean los unos sin el otro ni el otro sin los unos, pues sólo los primeros hacen útil al segundo. Sábete, Sancho, cuidar de no caer en yerro con las palabras que pronuncian ciertos gobernadores, letrados, falsos galenos y otros malandrines que no son sino seguidores de aquel celebre Frestón, pródigo en engaños y encantamientos. No fíes de quien te pida esfuerzo sin aclarar los fines, pues podría acontecerte que te hallares como el asno en la noria, dando vueltas sin descanso para no avanzar por lo derecho ni un palmo, y no consiguiendo más que seguir siendo tú más asnado y el malandrín más afamado. Huye, mi buen Sancho, de palabras lisonjeras de tamaños embaucadores que, como te he dicho, son muchos los que provecho sacan del esfuerzo ajeno y a más, muy diversos: principales y los no tanto, pero que secundan a aquellos de tal maña que dicen lo mesmo, y es que si si bien canta el abad, no le va en zaga el monecillo. No los creas cuando encanten tus sesos con la prédica de que ambos sois iguales porque no es cierto; si el cántaro da en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro. Aquellos no pretenden sino que todo siga su igual cauce para ellos vivir siempre según sus órdenes; que bien predica quien bien vive y serán para ellos las sopas y para ti el rechinar de dientes. Por tanto, entiende Sancho que de nada sirve el esfuerzo si no está claro el fin.

Llegaron caballero y escudero a un vado nemoroso en el que parecioles de acomodo para pasar la noche bajo la luna y las estrellas. Y así deleitándose en la bóveda celeste se aprestaron a descansar. El día siguiente sería otro y tal vez la ventura les trajese más placer.

Me gustan los retos

Me encanta mi trabajo. Soy de ciencias y me gusta investigar, buscar respuestas y poder encontrar soluciones para ayudar a los ganaderos a tener mejores resultados con su trabajo es un reto. Pero también me encanta la docencia, me apasiona. Cuando nosotros terminamos la carrera y el doctorado no tenemos conocimientos de pedagogía (muchas veces ni siquiera entendemos ese “lenguaje técnico”). Somos especialistas en otras materias y cuando decidimos dedicarnos a la docencia tenemos que aprender cómo hacer que los alumnos adquieran conocimientos de esas materias.

Así que para mí la labor de un docente es también investigadora por naturaleza, no se pueden separar… o sí, siempre hay excepciones a la regla, claro. Me explico: a pesar de impartir año tras año la misma materia, los mismos contenidos, ¿acaso no intentamos variar la forma de hacerlo? ¿No intentamos adaptar las actividades y el método a cada grupo de alumnos, cada curso? ¿No intentamos innovar?. Desde mi punto de vista eso también es investigación y quizás por eso lo disfruto tanto.

El próximo cuatrimestre empiezan las clases de Genética y ya estoy emocionada por superar un nuevo reto: por primera vez tendremos una alumna con discapacidad auditiva, así que tenemos que adaptarnos a esta nueva situación. ¡Siempre hay algo que aprender!