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CD 1: Establecer objetivos y diseñar situaciones de aprendizaje

"La teoría no sólo le pone nombre a lo que hacemos; también configura nuestro modo de pensar sobre ello" - Fairstein, 2005

 

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Habilidades y destrezas que permitan a los docentes planificar situaciones de aprendizaje basadas en objetivos flexibles, que contemplen estilos de aprendizaje y distintos niveles de consecución. Esta competencia implica conocer y saber adaptar la normativa curricular, las teorías del aprendizaje, la didáctica específica correspondiente a la asignatura y ser capaz de concretar todo ello en programaciones efectivas.


Lo que enseñamos a nuestros alumnos tiene que basarse en el currículo que nos marcan las administraciones educativas, pero también en nuestra capacidad de adaptar dicho currículo a un determinado centro, según los acuerdos de los departamentos didácticos, las peculiaridades del grupo clase y a las características individuales de los propios alumnos/as. Esto significa plantearnos objetivos que impliquen distintos grados de consecución por su parte, garantizando momentos de revisión y de evaluación que permitan comprobar que el camino y el ritmo son los adecuados.

Estamos hablando, por tanto, de plantearnos objetivos flexibles, y en éste sentido alcanzables a diferentes niveles, a través del diseño de unidades didácticas basadas en una selección de contenidos que, traducidos en tareas, permitan consecuciones diversas. Estas tareas deberán distribuirse en unidades didácticas ajustadas a los recursos disponibles, y diseñar para ellas instrumentos de evaluación adecuados, que ayuden a la consecución óptima de los objetivos.

Nuestros conocimientos han de propiciar que estas situaciones sean lo suficientemente diversas como para conseguir la apropiación activa y la transferencia de conocimientos por parte de todo el alumnado, teniendo presente su formación global, además de la adquisición de los contenidos de nuestra propia materia.

Para llevar a cabo este proceso, que convierte nuestra profesión en un auténtico arte, el profesorado deberá tener, además del dominio específico de la materia impartida, conocimientos de programación, de la didáctica específica de la materia enseñada y dominar múltiples modelos de enseñanza que contemplen los diferentes estilos de aprendizaje de los alumnos, se adapten a niveles no siempre homogéneos, y estrategias que permitan diseñar tareas que no siempre sean iguales para todos.

Algunos de estos modelos de enseñanza incluyen el aprendizaje cooperativo, el uso de mapas mentales y conceptuales, el trabajo por proyectos, la integración de las TIC en el aula, el aprendizaje por problemas o las webquests, entre otros.

El profesorado también ha de ser capaz de encontrar un equilibrio entre la estructuración didáctica de la progresión y la dinámica del grupo clase en su adquisición de conceptos. Esto requiere una sensibilidad necesaria para acompañar a los alumnos en su camino hacia el conocimiento, y la planificación del tiempo imprescindible en cada caso, para permitir a los alumnos reestructurar su sistema de comprensión del mundo mediante la reflexión, el diálogo, la aproximación a un mismo concepto desde diferentes prismas, el tratamiento de la información y la colaboración.

También es importante garantizar un equilibrio adecuado entre momentos en los que el alumnado escuche y procese la información que le ha de permitir llevar a cabo diferentes actividades, y otros en que se embarque en las mismas, resolviendo situaciones que nos indiquen lo que el alumno ha aprendido, y nos permitan evaluar el conocimiento adquirido.

Aplicar este proceso de forma sistemática a diferentes situaciones de aprendizaje no tiene reglas fijas; todo depende de la materia impartida, de los contenidos específicos, del nivel de los alumnos y de las opciones y recursos con los que el profesor cuente. Al conocimiento específico de la materia y método más adecuado se sumará la necesidad de una programación de aula detallada, coherente, flexible y progresiva, que refleje el día a día, permita la atención a la diversidad.

En definitiva, el alumno ha de ser y sentirse responsable de su propio aprendizaje en el entorno escolar, y el profesorado ha de garantizar que sus posibilidades de éxito son reales y ajustadas al contexto.

 


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